lunes, 19 de enero de 2009

LXV: Del material sensible, respuesta y exposición

Que la cámara no ve como el ojo lo hemos dicho varias veces en estas notas. La diferencia no es solo, ni se limita a, la latitud de cada uno, aunque a menudo se lea así en la bibliografía. La diferencia esencial, la que hace que tus fotos no salgan como tu ojo ve la escena, es la distinta manera en que película y ojo separan los tonos.

Mientras que tu mirada prácticamente mantiene constante la separación tonal siempre que la luminancia (el brillo) esté entre cien y diez mil unidades (candelas por metro cuadrado, antes llamadas nits) la película, más limitada en su latitud, está fabricada de manera que la separación tonal sea mayor en la parte central de su respuesta que en los extremos, de esta manera, alcanzan una mayor latitud a costa de distorsionar la relación que guardan las sombras entre si y las luces consigo mismas. Si miras la curva característica de un material sensible, verás que la parte central está más empinada que los extremos, que están redondeados. Este redondeo se llama flexión (de luces, de sombras) y produce una menor diferencia entre los tonos en los que se da. El resultado es una mejor reproducción de las texturas y volúmenes de las formas expuestas en la parte central del material sensible. Por que la sensación de volumen, de profundidad, corresponde al gradiente de tono. Allí donde la variación de tono a lo largo de una superficie sea menos uniforme, más sensación de relieve nos da.

Los delicados tonos de blanco sobre blanco, como las modulaciones del relieve de una pared o los reflejos de luz sobre una pared pintada, desaparecen en la fotografía al exponer el blanco como blanco, al corregir la exposición según la lógica de sobreexponer los tonos claros y subexponer los oscuros. La regla de la compensación de la medida, que dice que cuando midamos sobre un blanco debemos abrir el diafragma más de lo medido, da buena cuenta del color, pero no de las texturas. Para mantener en la foto la impresión recibida por el ojo habría que sobreexponer el blanco “algo menos” de lo que la lógica del tono indica y después volver a subirlo en la copia. Así mantendríamos la textura y el volumen y la delicadeza de las luces.

Hay que respirar la luz y enseñar a la cámara a respirarla.

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